Casa de Libertad nació varios meses antes de su inauguración oficial el 21 de octubre de 2007. Todo empezó con un grupo de amigos reunidos alrededor de una taza de café, compartiendo un ardiente deseo de servir al Señor Jesús en el contexto de una comunidad que valorara la familia, trabajara con fundamentos bíblicos sólidos, tuviera vocación misional y, sobre todo, se centrara en Jesús como objeto de adoración.
Desde el principio quisimos ser un lugar seguro, donde personas imperfectas pudieran venir tal como están a buscar al único perfecto: Jesús. Queríamos promover transparencia y vulnerabilidad, iniciando por nuestro propio liderazgo. Por esa razón, desde el primer día hemos tenido esta frase colgando en la entrada de la iglesia:
"No se admiten personas perfectas."
Hoy años después, seguimos siendo esa misma comunidad, crecida, madura, con familias que se han transformado y con una visión que ahora alcanza a toda América Latina a través de la plantación de nuevas iglesias.